Cuando alguien empieza a nadar o retoma la actividad, una de las primeras preguntas que aparece es cuántas calorías se queman en una sesión. Es lógico: muchas personas buscan bajar de peso o sentirse mejor con su cuerpo y quieren saber si el esfuerzo vale la pena.
El problema es que circulan cifras exageradas que generan expectativas poco reales. Este artículo busca explicarte qué podés esperar de verdad, sin promesas falsas ni números mágicos.
Lo primero que hay que entender es que no hay un número único de calorías quemadas al nadar.
La cantidad de calorías depende de varios factores:
Cuánto tiempo nadás.
A qué ritmo.
Qué tan seguido entrenás.
Cómo es tu cuerpo.
Por eso, dos personas que nadan lo mismo pueden tener resultados distintos.
Para una persona promedio, una sesión de natación puede quemar aproximadamente entre 400 y 700 calorías por hora.
Este rango incluye:
Nado tranquilo.
Nado a ritmo medio.
Algunos tramos más intensos.
No es lo mismo moverse suave todo el tiempo que nadar con continuidad y cambios de ritmo.
La natación suele tener un gasto importante porque:
El cuerpo se mueve completo
El agua ofrece resistencia constante
Hay que sostener la flotación
La respiración es parte del esfuerzo
Además, al no haber impacto, muchas personas pueden entrenar más tiempo que en otras actividades.
Cuanto más tiempo nadás, más energía se gasta.
Sesiones muy cortas suelen tener poco impacto real.
Nadar siempre suave quema menos.
Alternar ritmos aumenta el gasto sin necesidad de ir al máximo.
Algunos estilos demandan más esfuerzo que otros, pero no hace falta dominarlos todos.
Con un solo estilo bien sostenido ya se puede gastar energía.
Las personas con mayor peso suelen gastar más calorías.
Esto no es bueno ni malo, es simplemente una característica del cuerpo.
Un error frecuente es pensar: “Si quemo muchas calorías nadando, puedo comer de más”.
En la práctica, esto suele jugar en contra. La natación ayuda, pero no compensa excesos diarios.
Más importante que la cifra exacta es la regularidad, el hábito semanal y la continuidad en el tiempo.
Quemar muchas calorías un solo día no cambia nada.
Gastar un poco menos, pero hacerlo todas las semanas, sí.
No hace falta contar calorías ni hacer cálculos:
Nadá entre 40 y 60 minutos
Variá el ritmo durante la sesión
Evitá parar demasiado
Sostené el hábito semana a semana
La clave no está en nadar más fuerte, sino en nadar mejor y más seguido.
A veces el cuerpo cambia aunque el peso no baje mucho.
Con la natación se pierde grasa, se gana tono muscular y se mejora la resistencia.
Por eso, no todo se refleja en la balanza.
Usá las calorías como una referencia, no como una obsesión.
La natación quema energía, sí, pero sobre todo construye un hábito saludable y sostenible.
Y eso, a largo plazo, es lo que genera cambios reales.
Si este post te sirvió, el próximo paso está acá.