No todos los nadadores de aguas abiertas entrenan en aguas abiertas.
De hecho, la mayoría prepara sus carreras en pileta.
Y aunque no es lo mismo, se puede entrenar muy bien para aguas abiertas si sabés qué adaptar y qué priorizar.
Este artículo apunta a eso: cómo usar la pileta de forma inteligente para llegar al evento con más confianza.
La pileta no tiene:
corrientes.
viento.
oleaje.
referencias lejanas.
Pero sí permite trabajar:
resistencia.
ritmo.
respiración.
técnica.
control mental.
No es un reemplazo perfecto, pero es una base muy sólida.
En aguas abiertas no hay línea negra abajo.
En pileta, muchas veces nos volvemos dependientes de ella.
Algunas formas simples de adaptarlo:
levantar la vista cada cierta cantidad de brazadas.
nadar mirando al frente en tramos cortos.
alternar tramos sin mirar el fondo.
Esto ayuda mucho a no desorientarse después.
En aguas abiertas, la respiración suele alterarse:
por el entorno.
por el ritmo.
por el estrés.
En pileta conviene:
hacer series con poco descanso.
enfocarse en exhalar bien.
mantener calma respirando aun cansado.
La respiración también se entrena.
Muchas carreras de aguas abiertas se nadan a un ritmo sostenido.
En pileta es importante incluir:
bloques largos continuos.
series donde el objetivo sea mantener ritmo.
trabajos donde no se “apriete” al final.
Saber regular el esfuerzo marca una gran diferencia.
En el agua abierta no todo es cómodo.
En pileta se puede trabajar:
salidas rápidas seguidas de nado largo.
cambios de ritmo.
series donde el entorno no es perfecto.
Siempre con control, pero entendiendo que la incomodidad también forma parte del entrenamiento.
El aspecto mental pesa mucho.
En pileta podés entrenar:
concentración en bloques largos.
tolerancia al cansancio.
mantener foco cuando el cuerpo pide parar.
Llegar con esa experiencia suma tranquilidad.
No es obligatorio, pero ayuda. Aunque sea:
una o dos sesiones antes del evento.
para sentir el entorno.
para ajustar sensaciones.
Eso completa el trabajo de pileta.