La natación es una de las actividades más elegidas cuando el objetivo es bajar de peso. Muchas personas la prefieren porque no genera impacto, trabaja todo el cuerpo y suele sentirse más llevadera que otros deportes.
Sin embargo, también es muy común escuchar: “Nado hace tiempo y no bajo nada”, “Me canso, pero no veo cambios”
Esto no significa que la natación no funcione. En la mayoría de los casos, el problema no es la natación, sino cómo se la está usando.
En este artículo vas a entender cómo aprovechar la natación para bajar de peso, qué esperar realmente y qué errores evitar.
Sí, ayuda. Pero es importante entender qué hace y qué no hace.
La natación contribuye a bajar de peso porque:
Hace trabajar muchos músculos al mismo tiempo.
Aumenta el gasto de energía.
Permite entrenar seguido sin castigar las articulaciones.
Además, mejora la resistencia y facilita la constancia, algo clave para cualquier cambio corporal.
Lo que no hace es actuar de forma mágica ni inmediata.
El problema más común no es la falta de esfuerzo, sino la falta de intención en el entrenamiento.
Algunos errores frecuentes son:
Nadar muy poco tiempo.
Nadar siempre al mismo ritmo.
Entrenar pocas veces por semana.
Pensar que solo con “ir a la pileta” alcanza.
Cuando esto pasa, el cuerpo se adapta rápido y el gasto de energía es bajo.
No hace falta ser nadador ni entrenar como un profesional, lo que sí hace falta cumplir algunos puntos básicos.
La constancia es clave.
1 o 2 veces por semana: cambios muy lentos.
3 veces por semana o más: el cuerpo empieza a responder.
La natación funciona mejor cuando se convierte en un hábito.
Muchas personas entran a la pileta, paran seguido y en total nadan poco. Como referencia:
Menos de 30 minutos: impacto bajo
Entre 40 y 60 minutos: rango ideal
No importa si descansás. Importa el tiempo total en movimiento.
Nadar siempre muy suave quema poco. Nadar siempre muy fuerte genera cansancio y abandono.
Lo ideal es:
Alternar ritmos.
Combinar tramos tranquilos con otros un poco más exigentes.
Salir del agua cansado, pero no agotado.
Si sentís que podrías volver a nadar al día siguiente, vas bien.
Repetir siempre lo mismo hace que el cuerpo se acostumbre. Para evitarlo cambiá ritmos, alterná estilos y modificá distancias.
No necesitás series complicadas. Solo evitar nadar siempre igual.
Depende de cada persona, pero suele pasar lo siguiente:
Primeras 2 semanas: mejora la sensación corporal y el estado físico.
Entre la semana 3 y 5: empiezan a verse cambios si hay constancia.
La balanza no siempre baja rápido, pero el cuerpo se afirma, la ropa empieza a quedar diferente y mejora la energía diaria entre otros cambios.
Es importante ser claro, la natación no compensa malos hábitos diarios, no elimina excesos automáticamente y no da resultados si se hace sin constancia.
Pero combinada con movimiento regular, hábitos razonables y paciencia, es una herramienta muy efectiva.
Sí.
Si querés usar la natación para bajar de peso:
Nadá al menos 3 veces por semana.
Mantené sesiones de 40 a 60 minutos.
Variá ritmos y estilos.
Dale al menos un mes antes de evaluar resultados
No busques hacerlo perfecto, buscá hacerlo seguido y sostenido en el tiempo.
Si este post te sirvió, el próximo paso está acá.