Una de las frases más comunes después de una carrera de aguas abiertas es:
“Nadé de más.”
No fue falta de estado físico.
No fue mala suerte.
En la mayoría de los casos, fue mala orientación.
En aguas abiertas no hay líneas en el fondo. Y si no mirás bien, es muy fácil desviarte, sumar metros y gastar energía de más.
La buena noticia es que se puede mejorar, y no es algo complicado.
El sighting es simplemente levantar la vista para orientarte mientras nadás.
Sirve para:
ir en línea recta.
seguir el recorrido correcto.
no depender de otros nadadores.
evitar zigzaguear.
Un buen sighting no te hace nadar más lento, al contrario, te ahorra metros y esfuerzo.
Hay dos errores que se repiten mucho:
Confiar en ir “derecho”
Seguir al grupo sin saber a dónde va
Resultado: desvíos largos
Se hunden las piernas
Se corta el ritmo
Aparece fatiga innecesaria
El punto está en mirar lo justo y de la forma correcta.
No hay una regla única, pero como referencia general:
Aguas tranquilas: cada 6–10 brazadas.
Con viento, corriente o referencias lejanas: más seguido.
En largadas o giros: mirar con más frecuencia.
Si esperás demasiado para mirar, corregís tarde.
Si mirás todo el tiempo, perdés ritmo.
Es un equilibrio.
La clave no es levantar toda la cabeza, sino asomar la mirada.
Una forma simple:
Mirás apenas al frente.
Identificás la referencia (boya, punto fijo).
Girás la cabeza para respirar.
Seguís nadando.
Todo en un solo movimiento fluido.
Si al mirar sentís que te frenás, probablemente estás levantando demasiado la cabeza.
No siempre es solo la boya. Podés orientarte con:
boyas grandes.
edificios.
árboles.
cerros.
banderas.
cualquier punto fijo visible.
Cuanto más clara sea la referencia, menos veces necesitás mirar.
Seguir pies puede servir un rato, pero tiene riesgos:
el otro puede estar desorientado.
puede cambiar de ritmo.
puede desviarse.
Usar tu propia referencia te da más control y tranquilidad.
Aunque entrenes en pileta, se puede practicar.
Algunas ideas simples:
levantar la vista cada cierta cantidad de brazadas.
nadar sin mirar la línea del fondo.
elegir un punto fijo al frente del andarivel.
No es igual que el lago o el mar, pero ayuda a incorporar el gesto.
Mirar no es dudar. Mirar es confirmar.
Cuando sabés a dónde vas:
nadás más relajado.
regulás mejor el esfuerzo.
te sentís en control.
Eso, en aguas abiertas, vale mucho.
Orientarse bien no es un lujo técnico, es una forma de:
ahorrar energía.
nadar menos metros.
disfrutar más la experiencia.
No hace falta mirar todo el tiempo ni hacerlo perfecto, lo que hace falta mirar mejor.