En aguas abiertas, la alimentación y la hidratación no deberían resolverse de manera aislada, ni copiarse de lo que hace otro nadador, ni improvisarse a último momento.
Lo ideal, especialmente cuando hay objetivos deportivos, distancias largas o condiciones exigentes, es trabajar estos aspectos con un nutricionista, un deportólogo o un profesional especializado, que pueda evaluar cada caso y acompañar el proceso de forma individual.
Este artículo no reemplaza ese acompañamiento.
Busca ordenar conceptos generales y dejar algo claro desde el principio: la mejor estrategia es siempre personal y supervisada.
Cada nadador es distinto:
tolera alimentos diferentes.
digiere a ritmos distintos.
responde de forma diferente al esfuerzo, al estrés y al frío.
Un nutricionista, un deportólogo o un profesional especializado ayuda a:
ajustar cantidades.
definir tiempos de ingesta.
evitar errores frecuentes.
probar estrategias en entrenamiento, no en carrera.
Eso reduce riesgos y mejora mucho la experiencia.
Esto pasa más de lo que debería:
un gel que nunca se usó.
una bebida distinta.
comer de más “por las dudas”.
o no comer nada por miedo.
Cuando la alimentación y la hidratación están trabajadas con acompañamiento profesional, estas decisiones ya están definidas con anticipación y probadas en contexto real.
Más allá de los ejemplos habituales, lo importante es que la comida previa sea:
conocida.
bien tolerada.
fácil de digerir.
adecuada al horario y a la distancia.
Un profesional especializado ayuda a definir:
qué comer.
cuánto comer.
y cuándo hacerlo según cada caso.
La comida previa tiene que ser funcional.
Como referencia general:
2–3 horas antes → comida principal liviana.
30–60 minutos antes → ajuste pequeño, si ya está probado.
Estos tiempos se afinan mejor cuando forman parte de una planificación nutricional adaptada al entrenamiento y a la competencia.
Llegar bien hidratado no se logra tomando mucha agua justo antes de largar.
Se construye:
en los días previos.
con hábitos simples.
con una estrategia clara.
Un nutricionista, deportólogo o profesional especializado trabaja sobre:
cantidades.
frecuencia.
y adaptación según clima, duración y esfuerzo.
Depende principalmente de:
la duración de la prueba.
lo que permita el reglamento.
lo que ya esté probado en entrenamiento.
En carreras más largas, planificar esto con anticipación y supervisión profesional:
evita malestares.
reduce riesgos.
da tranquilidad.
Nada nuevo se estrena en competencia.
La carrera no termina al salir del agua. Después conviene:
hidratarse.
comer algo simple.
abrigarse si el agua estaba fría.
Esto también forma parte del cuidado del cuerpo y puede planificarse mejor con acompañamiento profesional.
La alimentación y la hidratación en aguas abiertas no son un detalle menor.
Forman parte del rendimiento, pero sobre todo de la seguridad y el bienestar.
Por eso, lo ideal es trabajarlas con nutricionista, deportólogo o profesional especializado, que acompañe el proceso, ayude a probar en entrenamiento y permita llegar al día de la carrera con menos dudas y más confianza.